El libro de Asma Mhalla se trata de un ensayo político urgente que intenta nombrar y comprender una mutación profunda del poder en el siglo XXI: un sistema híbrido en el que el Estado, las grandes corporaciones tecnológicas y la lógica algorítmica se entrelazan para producir nuevas formas de dominación, control y gobierno de las conductas.
Un ensayo político para pensar el poder en la era digital
El “cyberpunk” al que alude el título no remite a un género estético sino a una configuración política concreta, marcada por la hiperconectividad, la vigilancia permanente, la extracción masiva de datos y la delegación creciente de decisiones a sistemas automatizados. En este nuevo escenario, el poder ya no se ejerce únicamente mediante la coerción visible, sino a través de infraestructuras digitales que organizan la vida cotidiana de manera casi imperceptible.
Los Estados recurren a las plataformas y a la inteligencia artificial para reforzar su capacidad de control, gestión y seguridad; las empresas, a su vez, se benefician de contratos públicos, marcos regulatorios favorables y una legitimidad política que les permite expandir su poder. El resultado es un ensamblaje inédito que desborda las categorías clásicas del liberalismo político.
Del ciudadano vigilado al ciudadano que consiente
En este “nuevo sistema totalitario”, Mhalla subraya el papel central del consentimiento, de la comodidad y de la participación voluntaria de los ciudadanos-usuarios. Al aceptar términos de uso, compartir datos personales o depender de plataformas para trabajar, comunicarse y desplazarse, los individuos se integran activamente en el sistema que los gobierna. Esta dimensión diluye las fronteras entre dominación y libertad, entre elección y condicionamiento. No hay un Gran Hermano omnipresente al estilo orwelliano, sino una multiplicidad de dispositivos que optimizan, predicen y orientan comportamientos.
La inteligencia artificial como tecnología política
La autora insiste en que la IA es un producto político: responde a intereses, prioridades y visiones del mundo concretas. Los algoritmos no son neutrales, y su creciente uso en ámbitos como la seguridad, la justicia, la salud o la gestión social plantea preguntas fundamentales sobre la responsabilidad, la transparencia y la soberanía. ¿Quién decide los criterios? ¿Quién controla los sistemas? ¿Quién responde cuando una decisión automatizada produce daño?
Infraestructuras privadas y debilitamiento del interés público
Otro eje central del libro es la noción de soberanía digital. Mhalla muestra cómo los Estados han perdido, en gran medida, el control sobre las infraestructuras críticas de la vida digital, que hoy están en manos de un puñado de actores privados transnacionales. Esta dependencia tecnológica limita la capacidad de los gobiernos para regular, proteger derechos y garantizar el interés público. Al mismo tiempo, algunos regímenes autoritarios han sabido explotar estas tecnologías para perfeccionar sus mecanismos de vigilancia y represión, dando lugar a modelos de “autoritarismo digital” que luego se exportan y normalizan.
Las dinámicas que configuran el nuevo sistema totalitario
Asma Mhalla no presenta un “manual” explícito numerado, pero a lo largo del libro identifica y describe un conjunto de acciones, dinámicas o mecanismos que, en conjunto, configuran ese nuevo sistema totalitario de base tecnológica. Sintetizando su argumento, estas son las 13 acciones clave que el libro pone en evidencia:
- Captura masiva de datos personales
La recolección constante de datos (comportamiento, ubicación, preferencias, emociones) se convierte en la materia prima central del poder político y económico. - Normalización de la vigilancia permanente
La vigilancia deja de ser excepcional y se vuelve cotidiana, aceptada e incluso deseada en nombre de la seguridad, la eficiencia o la comodidad. - Delegación de decisiones a algoritmos
Decisiones que antes eran humanas (priorización, clasificación, evaluación de riesgos) se trasladan a sistemas automatizados opacos. - Fusión entre Estado y grandes plataformas tecnológicas
Gobiernos y Big Tech cooperan estrechamente, diluyendo la separación entre poder público y poder privado. - Externalización del poder soberano
Infraestructuras críticas (nube, datos, IA, comunicaciones) quedan en manos de empresas transnacionales, debilitando la soberanía estatal. - Gobernanza por la predicción
El poder ya no solo reacciona: anticipa comportamientos mediante modelos predictivos para prevenir, corregir o reprimir antes de que ocurra el “problema”. - Control conductual indirecto
No se prohíbe: se orienta, se empuja, se optimiza la conducta a través de interfaces, rankings, incentivos y penalizaciones invisibles. - Conversión del ciudadano en usuario
El sujeto político se redefine como usuario-consumidor, con derechos contractuales (términos y condiciones) en lugar de derechos políticos plenos. - Opacidad tecnológica estructural
Los sistemas que gobiernan la vida social son incomprensibles para la mayoría, lo que impide el control democrático efectivo. - Legitimación del control en nombre de la crisis
Emergencias sanitarias, terroristas, climáticas o geopolíticas justifican la expansión acelerada de tecnologías de control. - Exportación del autoritarismo digital
Modelos tecnológicos de control desarrollados por regímenes autoritarios se venden y replican globalmente, incluso en democracias. - Despolitización del debate tecnológico
La tecnología se presenta como neutral, inevitable o técnica, ocultando que siempre implica decisiones ideológicas y políticas. - Producción de consentimiento voluntario
El sistema funciona porque los individuos participan activamente en él, entregando datos y aceptando reglas a cambio de servicios y confort.
Te recomiendo su entrevista:
https://riobelbo.com/2025/10/29/cyberpunk-el-nuevo-sistema-totalitario/






